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jueves, 17 de abril de 2014
 
 
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Presentación del proyecto "Huertas Familiares Ecológicas"
Escrito por Elena   

cuidados de la huerta ecológicaHuertas Familiares Ecológicas (HFE) es una iniciativa que he puesto en marcha en Asturias para ayudar a las personas que quieren tener una huerta ecológica de autoconsumo y necesitan aprender a cultivarla, bien porque no tienen experiencia previa con la agricultura o porque la tienen pero en cultivo convencional y necesitan asesoramiento para hacerlo ecológico.

 

 

¿Por qué una Huerta Ecológica de Autoconsumo (HEA)? Muchas personas queremos tener una alimentación ecológica y tenemos dificultad para encontrar alimentos ecológicos frescos (hortalizas y frutas de huerta, no envasadas ni procesadas) en cantidad y variedad suficientes.

Las tiendas de alimentación ecológica siguen siendo muy pocas y mal abastecidas en productos frescos del campo. Yo hago el esfuerzo de llegar hasta ellas (en Gijón sólo hay una) y muchas veces faltan incluso los productos de temporada, aquellos que los agricultores ecológicos de Asturias tienen en esos momentos en cantidad más que suficiente. ¿Por qué ocurre esto? Es un tema complejo sobre el que trato en más profundidad, desde mi experiencia de 10 años de agricultora, en el artículo Pequeños agricultores ecológicos: el problema de la comercialización”.

Y es en este aspecto de la dificultad para abastecerse donde más se agradece y compensa tener tu propia huerta, cuando de verdad te importa tener una alimentación ecológica. Supongo que a muchos os habrá ocurrido como a mí: que llegas a la tienda ecológica con una lista de cosas frescas que necesitas y sólo te llevas peras y lechugas porque no había más; al final te debates entre comprar el resto de cosas en la tiendas convencionales o, ante la desconfianza que estos alimentos te dan, pasar sin ellos, con lo cual corres el riesgo de tener una alimentación muy pobre. El resultado de todo esto es que la próxima vez te dará pereza ir hasta la tienda ecológica, pues, al fin y al cabo, los productos ecológicos envasados ya los hay en un montón de sitios cerca de casa (tiendas de dietética, supermercados, grandes superficies...) y los frescos no tienes garantía de encontrarlos. Es triste, pero muchas iniciativas interesantes y necesarias en comercialización ecológica terminan fracasando por esto, para desgracia de todos.

Otro motivo es el precio de los alimentos ecológicos; un tema también complejo y que da para hablar mucho (en el artículo antes mencionado encontrareis algunas reflexiones y experiencias propias sobre esta cuestión), pero sobre el que aquí diré sólo dos cosas: una, que hay que reconocer que no todos los bolsillos pueden pagarlos, y otra que sigue habiendo, en demasiadas ocasiones, un abismo entre lo que cobra el agricultor y lo que paga el consumidor: una vieja fractura que la Agricultura Ecológica (A.E.) no ha resuelto, salvo en contadas experiencias de venta directa del agricultor al consumidor, y aún en estos casos habría que hacer matizaciones.

Así pues, ¿para qué una HEA? Para disponer de verduras, hortalizas, legumbres, frutas... ecológicas de temporada a lo largo de todo el año, en cantidad y variedad para el consumo familiar y a un coste económico.

Pero hay más razones y ventajas: poder disfrutar de una actividad al aire libre, gratificante, educativa, rentable, creativa, relajante y al apta para todas las edades. Una alternativa de ocio diferente, saludable y anticonsumista.

Sólo quien disfruta de una huerta de autoconsumo sabe hasta qué punto cambia, mejora y se diversifica la dieta diaria. La huerta nos ofrece un abanico tan grande de alimentos que es realmente difícil de equiparar si dependemos de las tiendas, sean ecológicas o convencionales.

Ni que decir tiene que la frescura de lo recien cortado en la huerta tiene sabores y olores que sólo los hortelanos disfrutan, en el paladar y en la salud. Es una lástima ver, en la verde y fértil Asturias, las tierras abandonadas. Son un auténtico tesoro desperdiciado que podría estar aportando muchos y variados beneficios de estar cultivadas. La A.E., incluso a nivel familiar, podría dinamizar las zonas rurales y periurbanas, mejorar las economías familiares, la salud de las personas, amén de proporcionar una alternativa de ocio saludable y barata y, en definitiva, aportar CALIDAD DE VIDA.

Y ¿cómo tener una HEA? Evidentemente, para tener una huerta hay que disponer de un terreno, aunque sea pequeño. Algo con lo que muchas personas sueñan y que demasiadas veces se convierte en una empresa muy difícil, pese a tanta tierra abandonada. Una de tantas paradojas y absurdos de nuestra realidad rural.

Una pequeña parcela, pongamos 50 m², puede producir una variedad enorme de alimentos para el consumo de una familia (3 personas). Hay una regla básica y fundamental en la optimización de una huerta: produce más y mejor una pequeña huerta bien atendida, que una grande y mal atendida porque su mantenimiento nos desborde. Debemos comenzar con poco terreno e ir aumentando en la medida que seamos capaces de abordarlo todo de manera óptima. Huir de la tentación de querer tener mucho al principio es una garantía para no acabar abandonando al cabo de un tiempo porque el trabajo nos resulta duro y excesivo para pocos y malos resultados. Más valen pocas satisfacciones que muchas frustraciones. No olvideis esto; si insisto tanto en ello, creerme que lo hago porque es la base para el éxito o el fracaso en la continuidad de una huerta. Y también porque es un error demasiado habitual, por desgracia, y el que más ha dado al traste con proyectos que comenzaron con ilusión y esfuerzo. Sobre todo cuando se vive lejos (vida urbana-huerta en el pueblo), es cuando más riesgo hay de acabar teniendo cada vez más pereza de ir a la huerta y abandonar. En cambio, nuestra satisfacción e ilusión serán enormes cuando volvamos a casa con varias bolsas de alimentos de nuestra huerta y nos parezca que nos da mucho para el esfuerzo que nos pide. Aprendez esta fórmula si sois principiantes y además vivís lejos de la huerta:

HUERTA OPTIMA = POCO TERRENO + MUY DIVERSIFICADO + BIEN ATENDIDO

De todos es sabido que los comienzos siempre son más duros. Para hacer una planificación realista de lo que necesitamos producir y podemos abarcar nos haremos algunas preguntas:

  • ¿de qué partimos? No es lo mismo un monte, que un prado, que una huerta abandonada.
  • ¿cuánto terreno tenemos?
  • ¿cuántas personas trabajaremos en la huerta?
  • ¿cuántos días a la semana?
  • ¿cuántas horas cada día que vayamos?
  • ¿a cuántos consumidores tendría que abastecer nuestra huerta?
  • ¿qué nos gustaría cultivar? Hacer un listado de cultivos
  • ¿qué necesitaremos?: herramientas, riego, abonos, invernadero...
  • ¿cuánto dinero nos va a costar? Hacer un presupuesto

 

 

 

 

 

 

Con respecto a este último punto, es fundamental minimizar los costes: no comprar más que lo estrictamente necesario. En lugar de comprar abonos, ver la manera de conseguir estiércol y hacer compost reciclando todo los desechos de la huerta, la basura orgánica de casa (solo si vivís junto a la huerta),restos de siega, etc. Comprar pocas herramientas al principio; ya iremos viendo con la práctica si necesitamos alguna más – en los rastros suele haber herramientas de segunda mano en buen estado-. No comprar preparados fitosanitarios sin necesidad, pues son caros (los de la A.E. también) y en formatos pensados para los profesionales, con lo cual caducarán cuando todavía estén casi llenos; podemos preparar los esenciales en la huerta a partir de plantas silvestres como la ortiga, cola de caballo, etc., y minerales como la caliza, azufre, sulfato de cobre... Otra solución es comprar, por ejemplo un insecticida vegetal, entre varios si conocéis más gente que tenga huerta. Intercambiar plantas y semillas con otros hortelanos si es posible. Si precisamos de un pequeño invernadero podemos hacerlo casero, con varillas de encofrar o tubo de fontanería.

Eso sí, es muy importante no descuidar la estética de nuestra huerta: tratar de evitar que tenga un aspecto marginal, lo cual no es incompatible con el uso de materiales reciclados, sino que es más bien una cuestión de actitud y sensibilidad. Vuestro bienestar interior lo agradecerá y el paisaje rural también.

Así pues, una nueva fórmula:

HUERTA OPTIMA = MAXIMIZAR LOS RESULTADOS - MINIMIZAR LOS COSTES

Y ¿quién no tenga un pequeño terreno? Hay quien hace “huertas” en terrazas, patios, balcones y azoteas. Estas huertas están muy de moda en algunos sitios. Yo sólo les veo un inconveniente, amén de la limitación de espacio y, por tanto, de capacidad productiva: consumen muchos insumos (es decir, cosas compradas: tierra, abonos, tiestos y jardineras, etc) con lo cual pueden ser válidas como afición o entretenimiento, pero económicamente poco interesantes. Eso suponiendo que, además, no vivamos en un entorno urbano con aire contaminado. Habría que analizar cuántas de estas huertas son realmente ecológicas, o sostenibles desde el punto de vista energético y económico.

Otra opción es hacer huertas en terrenos comunales. Yo tengo mi huerta en un terreno de este tipo, pero hay que contar con que nos podemos quedar sin ellas en cuanto el organismo de la Administración competente (Ayuntamientos, Fomento ...) venga a levantarnos. Si se hacen las cosas con discreción y respeto, podemos tener suerte y pasar mucho tiempo sin que nadie repare en nosotros, especialmente en aquellos terrenos para los que no hay ningún plan previsto y que llevan años sin que nadie se acuerde de que están ahí. Claro que tenemos algunas limitaciones: no tener estructuras estables de valor, no abarcar un espacio muy grande y que llame mucho la atención, etc. Hay que contar también con la respuesta de los vecinos del entorno. Según cómo nos vean, podemos ganarnos sus simpatías o todo lo contrario, vernos como algo raro y amenazante (cada vez la paranoia es mayor y más evidente entre la gente). Lo mejor es mostrarse naturales, ir a lo nuestro sin esconderse, incluso hablar con normalidad de lo que hacemos cuando alguien muestre curiosidad. Tener la huerta bonita y atendida despeja muchos recelos, pues la gente identifica esto con ser personas trabajadoras y de “orden”.

Otra postura, desde mi punto de vista más interesante y necesaria, sería empezar haciendo peticiones por escrito (mejor si son colectivas) a los Ayuntamientos, emplazándoles a la cesión de parcelas para huertas ecológicas de autoconsumo, incluso profesionales, una iniciativa que ya tiene algunos precedentes en España: en Tafalla, conocí hace años una iniciativa del Ayuntamiento en la que se cedieron terrenos a jóvenes para que se dedicaran (profesionalmente) a la A.E., mediante contratos de alquiler a 25 años.

En Avilés, entre los años 98 y 2000 fui monitora de un módulo de A.E. en una Escuela Taller. Luché para que el Ayuntamiento cediera las instalaciones del módulo, que iban a quedar abandonadas, a un grupo aventajado de alumnos para que constituyeran una cooperativa agraria ecológica. Y así fue, pero no logré que el ayuntamiento proporcionara a los jóvenes el asesoramiento técnico necesario, durante los dos primeros años al menos, para estabilizar la empresa, de modo que los dos chicos y una chica, buenos trabajadores, con ganas e ilusión, abandonaron a los tres años por desgaste. ¡Enhorabuena al Ayuntamiento de Avilés! Pues, en último término, era lo que pretendía.

En Gijón, una iniciativa mucho más tímida y más testimonial que real, fue la cesión de pequeñas parcelas para huertas a personas jubiladas, pero limitadas a dos o tres años. Eso es poner un caramelo en la boca y, en definitiva, no dar solución a nada, ni a necesidades terapéuticas, ni de ocio, ni económicas, ni alimentarias, ni nada de nada. Demasiado recato en que pueda cundir el ejemplo o en que las personas puedan adquirir derecho sobre las cosas. No hay tanto reparo en dar terrenos que son de todos a especuladores urbanísticos privados... Pero esta es otra cuestión.

Recientemente he sabido de una persona particular que tiene una finca y trazó en ella parcelas que alquila para huertas familiares. No dispongo de más detalles, pero me pareció una idea interesante si se consiguen establecer acuerdos buenos para dueños e inquilinos.

A mí me gustaría que se llegara a organizar un movimiento de personas por el autoconsumo, el trueque y la alimentación “limpia”. Un movimiento que impulsara las huertas ecológicas de autoconsumo en sus diferentes maneras: fincas privadas, terrenos comunales, terrenos compartidos.... Una opción al alcance de todo el que quiera cultivar su huerta y alimentarse de forma ecológica, aunque su economía sea humilde (especialmente si su economía es humilde), pues una alimentación libre de contaminantes es la base de la vida y la salud y, por tanto, un derecho básico, no una opción de consumo elitista.

Esto no parece estar cerca. Entre tanto, yo aporto mis conocimientos y mi experiencia en ayudar a las personas que quieran tener una huerta ecológica, asesorándoles en su ubicación y planificación, enseñando las técnicas básicas de la A.E., trabajando en su mantenimiento, marcando pautas de acción y tareas según épocas del año y necesidades agronómicas y haciendo, en definitiva, el seguimiento continuado de esas huertas hasta que sus dueños consideran que ya pueden continuar solos o con alguna ayuda puntual cuando el trabajo les desborda o surge alguna duda o problema.

Yo cobro mi trabajo por horas (a 25€/hora más el desplazamiento) y procuro en cada visita a la finca explicar y fundamentar bien las cosas, delimitar las necesidades y actuaciones, marcar pautas de trabajo para uno o dos meses, siempre supeditadas a los objetivos que las personas que me requieren esperan o desean obtener de la huerta. De esta manera, resulta económicamente asequible para los hortelanos poder contar conmigo periódicamente y les aporta la ayuda necesaria para hacer realidad un proyecto que de otra manera no sabían cómo emprender o dar continuidad.

Una visita a la huerta suele durar unas 2 horas y costar 50є. En temporada alta, una visita al mes puede ser suficiente (primavera-verano) y cada dos meses o incluso menos en temporada baja (otoño-invierno). Esto para el primer año. En el segundo año ya se está en condiciones de seguir solos, puesto que estamos repitiendo ciclo, aunque en agricultura no hay dos años iguales y con la experiencia veréis que la huerta es un proceso vivo en continua evolución, y en el que siempre se está aprendiendo algo nuevo.

Una idea os sugiero: participar también de las visitas a otras fincas siempre que os sea posible (si tenéis relación con los otros hortelanos y no tienen inconveniente), pues se aprende mucho más también sobre la propia, aunque no haya dos huertas exactamente iguales. Igualmente, permitid que otras personas participen de la visita a vuestra finca. Organizado así, se puede convertir en un curso de A.E. práctico, con mejor aprovechamiento y más barato, al repartir el pago de las visitas entre el grupo (cuantos más seáis, mejor).

¡Salud y ecología!

 


 

 


 
 
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